Voy a intentar dar algunas razones que a mi modesto entender han llevado a este país al precipicio donde se está asomando actualmente.

Podremos pensar que los culpables son los banqueros o los políticos que los son, y nosotros unos pobres currantes sometidos, pero con este análisis tan superficial no arreglaremos nada.

Yo creo que lo que ha pasado ha sido la suma de ingredientes, la tormenta perfecta a todos los niveles. Analizando causas a toro pasado, lo que se evidencia ha sido la victoria del corto-placismo. Los bancos y empresas debían tener crecimientos interanuales de dos dígitos. Y eso llegaba a desafiar las leyes esenciales de la economía y el sentido común. Por ejemplo los planes de expansión de muchas entidades financieras, más que oficinas bancarias han abierto oficinas de ventas de hipotecas que ahora seguro que empezarán a cerrar.

Ahora me hace gracia ver a la caja de ahorros de mi zona acordarse de las empresas, cuando han estado durante años desviando el crédito al tocho.

Lo que sucedía es que abriendo una hipoteca y cobrando la comisión se ganaba más que con el negocio de servicios bancarios, pero no supieron ver era un negocio con fecha de caducidad.

El tema del corto-placismo es redundante para entender el déficit tecnológico español. Se quiere un beneficio rápido y la inversión en desarrollo del proyectos potentes es algo que requiere tiempo y recursos.

Otro desastre del corto-placismo ha sido que hemos sacado a muchos chavales de las aulas ya que poniendo tochos ganaban más que un ingeniero. Ahora el país no sabe como reciclar a toda esta cantidad de gente.

La mejor inversión de futuro que podríamos hacer consistiría en mejorar la educación y esperar que de aquí a unos años empecemos a recoger los frutos sabiendo canalizar esos conocimientos a través de universidades y empresas con valor añadido.

El problema es que para un político es difícil apostar ahora para algo que dará réditos de aquí a 20 años.

Otro de los problemas que bajo mi punto de vista hemos padecido es el exceso de egoísmo. Primaba el beneficio individual sobre el beneficio colectivo. Esto se comprueba cuando por trapicheos se autorizan urbanizaciones que sólo enriquecen a unos pocos y se han cargado el medio ambiente que es de todos. Pero este egoísmo es todavía más nocivo y lastra a nuestro país a nivel empresarial. No sabemos trabajar en equipo, no sabemos comunicarnos para colaborar y además el temor a que nos la cuelen o nos roben la idea acentúa esa desconfianza.

Es evidente que para desarrollar un producto tecnológico habrá que trabajar en equipo.

Otro tema recurrente ha sido la falta de vista hacia el consumo de productos del país. Tenemos un déficit comercial escandaloso.

Los países que son referentes industriales, lo son porque tienen un mercado interno fuerte que les da músculo para salir a exportar. Aquí la gente no mira quien está fabricando en España y no cae que el ahorro que le pueda suponer un coche de importación lo acabaremos pagando en forma menos desarrollado industrialmente y además teniendo que sufragar el paro y la reconversión de un sector clave de nuestra economía.

Insisto en apuntar que las culpas no son exclusivas de los de arriba, nuestra forma de hacer las cosas también es mejorable.

No hemo entendido lo que significa vivir en sociedad.

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