La forma de trabajar la arquitectura ha cambiado. Hace 3 años recuerdo que se hacía una memoria de un edificio plurifamiliar en una mañana.
Ahora la profesión se ha tecnificado y especializado. A muchos, ésto nos ha cogido a contrapié, poniendo en evidencia la necesidad de un enfoque más claro de nuestras virtudes para saberlas potenciar y comunicar.

En otro post ya hablé del reciclaje de los arquitectos fuera de la profesión -destino que muchos habrán de tomar- que deberá hacerse tomando consciencia de los puntos fuertes inherentes a nuestra formación. Entre ellos ya cité nuestra capacidad de aunar los creativo y lo técnico así como nuestra capacidad de trabajar una idea y llevarla hasta el final.

Dentro de la profesión también deberá producirse un cierto reciclaje o especialización para que los arquitectos sean capaces de ofrecer las respuestas que su cliente- el mercado- necesita.

Con ello vuelvo al tema de la especialización y la innovación.
Es lamentable que se sigan haciendo fachadas de ladrillo unicamente por no haber desarrollado un sistema sustiturio convincente, desde los puntos de vista técnico y económico para las obras sencillas.
Arquitectos que se han especializado en usar sistemas constructivos poco habituales, desde posturas muy humildes están aportando “algo” y haciendo buena arquitectura a la vez.
Con procedimientos parecidos se han logrado propuestas tan interesantes como ésta en Vacarisses.

Por ello creo que el futuro pasará por lograr un perfil de arquitecto con grandes conocimientos de soluciones constructivas y materiales que resuelvan eficazmente los requerimientos.
Para ello se deberá contar con equipos de personas con un gran conocimiento técnico de las soluciones constructivas o especializar los despachos en un tipo de producto o solución.
Y esto último que afirmo me parece bastante contradictorio con el concepto de arquitecto que todos nos gustaría ser.
Ese es nuestro gran drama.

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