La arquitectura y la profesión en españa están cambiando. Hemos dejado de ser un instrumento del brazo especulador, no por voluntad propia, sino por la coyuntura.
También se han acabado las oportunidades de convertir a la arquitectura en un escaparate o icono de los nuevos poderes que habían emergido.

El dicho de no hay mal que por bien no venga, sirve en este caso para seguir re-pensando nuestra profesión y dar un giro.
El futuro percibo que pasará por dar VALOR. Valor es encontrar soluciones que compatibilicen una buena respuesta a los problemas y necesidades con un buen uso de los recursos disponibles.

La arquitectura se tiene que centrar en esta misión que abre también una vía más ética al desarrollo de la profesión.
Los caminos serán varios, pero siempre desde un punto de vista sostenible.
La sostenibilidad entendida no sólo desde la óptica medioambiental, sino también desde la social y la económica.
No valen respuestas validas desde el punto medioambiental que tengan un coste oculto.

Ese es nuestro reto, hay gente que ya lo aplica.
Lo bueno o lo malo es que con esta visión se abre el mercado a nuevos trabajos que pueden ser de escala mucho menor y más precaria, que a la vez que darán menos ingresos, pero pueden permitir huir de la sangría impositiva que suponen los peajes insostenibles de colegiaciones, seguros, tasas….a las que tiene que hacer frente el arquitecto.

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La forma de trabajar la arquitectura ha cambiado. Hace 3 años recuerdo que se hacía una memoria de un edificio plurifamiliar en una mañana.
Ahora la profesión se ha tecnificado y especializado. A muchos, ésto nos ha cogido a contrapié, poniendo en evidencia la necesidad de un enfoque más claro de nuestras virtudes para saberlas potenciar y comunicar.

En otro post ya hablé del reciclaje de los arquitectos fuera de la profesión -destino que muchos habrán de tomar- que deberá hacerse tomando consciencia de los puntos fuertes inherentes a nuestra formación. Entre ellos ya cité nuestra capacidad de aunar los creativo y lo técnico así como nuestra capacidad de trabajar una idea y llevarla hasta el final.

Dentro de la profesión también deberá producirse un cierto reciclaje o especialización para que los arquitectos sean capaces de ofrecer las respuestas que su cliente- el mercado- necesita.

Con ello vuelvo al tema de la especialización y la innovación.
Es lamentable que se sigan haciendo fachadas de ladrillo unicamente por no haber desarrollado un sistema sustiturio convincente, desde los puntos de vista técnico y económico para las obras sencillas.
Arquitectos que se han especializado en usar sistemas constructivos poco habituales, desde posturas muy humildes están aportando “algo” y haciendo buena arquitectura a la vez.
Con procedimientos parecidos se han logrado propuestas tan interesantes como ésta en Vacarisses.

Por ello creo que el futuro pasará por lograr un perfil de arquitecto con grandes conocimientos de soluciones constructivas y materiales que resuelvan eficazmente los requerimientos.
Para ello se deberá contar con equipos de personas con un gran conocimiento técnico de las soluciones constructivas o especializar los despachos en un tipo de producto o solución.
Y esto último que afirmo me parece bastante contradictorio con el concepto de arquitecto que todos nos gustaría ser.
Ese es nuestro gran drama.

Ahora que nuestra profesión sigue preguntándose sobre la esencia de lo que debe ser un arquitecto, como tiene que ser su formación y sobretodo como reciclarse en el momento actual, es el momento adecuado para plantear cual podría plantear cual és nuestra esencia, es decir:
¿Qué somos y para qué servimos?

Es quizás muy atrevido lanzarse a definir la arquitectura. Le Corbusier ya lo hizo con aquella célebre frase del juego de los volúmenes bajo la luz en “ver une architecture”.
Sin embargo creo que habría que buscar una frase que englobara las cualidades mas etéreas de nuestras capacidades con los aspectos funcionales .
Podernos y debemos vender nuestras cualidades y comunicar mejor con la sociedad.
Para ellos seguramente deberemos actuar de una forma más empática con la sociedad para entender las necesidades de las persones.
Con ello sería conveniente dejar de lado aspectos dívicos o al menos saberlos combinar con respuestas potentes y medidas para los problemas actuales.

Así, deberíamos saber explicar nuestras dos facetas mas “vendibles”. La primera debería ser la de dotarse de una capacidad global de aunar aspectos técnicos con aspectos culturales y artísticos.
La segunda es explicar sería explicar lo que realmente somos:
Así desafiando a la frase de Le Corbusier, diriamos que un arquitecto es alguien que genera espacios, es decir pone límites a los espacios para desarrollar en ellos una función en buenas condiciones.

Pero el arquitecto deberá saber poner esos limites o divisorias respetando los requerimientos técnicos y generando espacios que que por sus proporciones, luz y textura provoquen una sensación positiva en los usuarios.

Que estamos en una de las crisis más salvajes de los ultimos tiempos es algo obvio. Que estamos en una coyuntura en la que se abren pocas espectativas desde una óptica tradicional, lo es también.

Teniendo en cuenta todo esto, los arquitectos, que son unos profesionales ligados a la cadena de montaje de la “industria inmobiliaria” han visto como se campo laboral se ha desintegrado en un par de años.

El paron es de tal nivel que que ahora muchos compañeros se encuentran sin trabajo. En la profesión ha faltado una capacidad total de autocrítica. Se miraba para otro lado mientras nos cargabamos el país, siendo complices de esa masacre y lo peor de todo, bastante mal pagados.
No hubo el menor atisbo de crítica ni con los marinas d’ores ni las casas pirenaicas. No se innovó lo más mínimo en los propuestas arquitectónica, Las pocas mejoras técnicas vinieron impuestas por el código técnico y fueron aceptadas a regañadientes.
Nos costó aceptar que una cubierta necesita 10cm de aislamiento en vez de los 2cm que se colocaban hasta el momento.
Ahora nos damos cuenta que hemos perdido el tiempo, que no nos hemos sabido especializar en casi nada. Los colegios de arquitectos, sabedores de laa ansiedad del momento, ofrecen un abánico de cursos para mejorar nuestra preparación, No cabe duda de que eso está muy bien, pero ahora mismo la formación y la especialización no aseguran nada pq nuestro sector está muy tocado.

Lo que se trata ahora es de ver cuales son las bondades del perfil arquitecto, que sean extrapolables a las necesidades de la sociedad y del mercado laboral.

Aquí es donde quería introducir el quid de la cuestión. El arquitecto proyectista -el menos especializado- es un perfil que auna unas cualidades que a mi entender lo hacen muy interesante.

Es un perfil que está acostumbrado a buscar soluciones que son respuesta a inputs técnicos, visuales, económicos o culturales. De hecho, un proyecto es eso, dar una respuesta satisfactoria a una serie de problemas de indole muy distinta. Pero lo que nos diferencia y nos hace especiales es que los buenos arquitectos lo hacen de forma creativa. La forma de gestionar al llevar a cabo un proyecto arquitectonico y la forma creativa de la que vamos filtrando soluciones es una actitud y una capacidad que deberia poder extrapolarse a otros sectores.

Tenemos que convertirnos en gestores de creatividad. Hace poco hice un curso con ingenieros y creí ver poca capacidad de autocrítica con lo que creaban. Al final se creaban objetos muy ingenuos pq se quedaban con la primera idea, no estaban acostumbrados a -haciendo una metáfora- navegar por el proceso creativo.

El futuro de los arquitectos puede estar entonces en aprender a reciclar esa capacidad esencial y aplicarla allí donde haya una oportunidad de negocio.

Voy a intentar dar algunas razones que a mi modesto entender han llevado a este país al precipicio donde se está asomando actualmente.

Podremos pensar que los culpables son los banqueros o los políticos que los son, y nosotros unos pobres currantes sometidos, pero con este análisis tan superficial no arreglaremos nada.

Yo creo que lo que ha pasado ha sido la suma de ingredientes, la tormenta perfecta a todos los niveles. Analizando causas a toro pasado, lo que se evidencia ha sido la victoria del corto-placismo. Los bancos y empresas debían tener crecimientos interanuales de dos dígitos. Y eso llegaba a desafiar las leyes esenciales de la economía y el sentido común. Por ejemplo los planes de expansión de muchas entidades financieras, más que oficinas bancarias han abierto oficinas de ventas de hipotecas que ahora seguro que empezarán a cerrar.

Ahora me hace gracia ver a la caja de ahorros de mi zona acordarse de las empresas, cuando han estado durante años desviando el crédito al tocho.

Lo que sucedía es que abriendo una hipoteca y cobrando la comisión se ganaba más que con el negocio de servicios bancarios, pero no supieron ver era un negocio con fecha de caducidad.

El tema del corto-placismo es redundante para entender el déficit tecnológico español. Se quiere un beneficio rápido y la inversión en desarrollo del proyectos potentes es algo que requiere tiempo y recursos.

Otro desastre del corto-placismo ha sido que hemos sacado a muchos chavales de las aulas ya que poniendo tochos ganaban más que un ingeniero. Ahora el país no sabe como reciclar a toda esta cantidad de gente.

La mejor inversión de futuro que podríamos hacer consistiría en mejorar la educación y esperar que de aquí a unos años empecemos a recoger los frutos sabiendo canalizar esos conocimientos a través de universidades y empresas con valor añadido.

El problema es que para un político es difícil apostar ahora para algo que dará réditos de aquí a 20 años.

Otro de los problemas que bajo mi punto de vista hemos padecido es el exceso de egoísmo. Primaba el beneficio individual sobre el beneficio colectivo. Esto se comprueba cuando por trapicheos se autorizan urbanizaciones que sólo enriquecen a unos pocos y se han cargado el medio ambiente que es de todos. Pero este egoísmo es todavía más nocivo y lastra a nuestro país a nivel empresarial. No sabemos trabajar en equipo, no sabemos comunicarnos para colaborar y además el temor a que nos la cuelen o nos roben la idea acentúa esa desconfianza.

Es evidente que para desarrollar un producto tecnológico habrá que trabajar en equipo.

Otro tema recurrente ha sido la falta de vista hacia el consumo de productos del país. Tenemos un déficit comercial escandaloso.

Los países que son referentes industriales, lo son porque tienen un mercado interno fuerte que les da músculo para salir a exportar. Aquí la gente no mira quien está fabricando en España y no cae que el ahorro que le pueda suponer un coche de importación lo acabaremos pagando en forma menos desarrollado industrialmente y además teniendo que sufragar el paro y la reconversión de un sector clave de nuestra economía.

Insisto en apuntar que las culpas no son exclusivas de los de arriba, nuestra forma de hacer las cosas también es mejorable.

No hemo entendido lo que significa vivir en sociedad.

Uno que se creía inmune al virus del paro de golpe ve como en la cola del inem todos somos iguales.

El tema laboral para los arquitectos presenta en nuestro país un panorama escalofriante. La obra nueva en Catalunya está en mínimos y se espera que el temporal no amaine en bastantes meses.

Incluso a mi modesto entender asistiremos al frenazo de la obra pública de edificación debido a la caída de la recaudacioón de impuestos en todos los niveles de la administración.

Por cada oferta se presentan 200 candidatos. Con este panorama este humilde servidor entiende que tiene que reciclarse hacia otros mundos en los cuales su conocimiento resulte útil.

En fin que esta es la triste historia de un país que pensó que pasándose ladrillos de mano en mano y especulando con ellos, se haría rico superando a la “vieja europa”.

Vamos a ir a la Champons Lijs del paro.

En estos pasados juegos olímpicos que apenas he podido seguir, me entretuve a ver la competición de vela.

Curiosamente ese día los barcos no avanzaban, no había viento. La imagen de los regatistas era sorprendente y demostraban una cierta impotencia. Al final la prueba se suspendió.

Aquí hemos tenido unos años con abundante viento a favor. El dinero no paraba de entrar en el sector inmobiliario.

Con ellos nuestro regatistas del ladrillo navegan en algunos casos a velocidades de vértigo y en otros aun sin tener velas  también avanzaban.

Un requisito previo para poder navegar es tener una cierta experiencia y conocimientos. Pero con el viento favorable cada vez salieron más y más barcas.

El problema es que no había sufuciente tripulación formada para llevar tanta barca, con lo que han ido saliendo barcos que sólo han conocido un tipo de viento.

De golpe el viento viró y empezó a llevarse mar adentro a toda esta gente inexperta. A esto hay que sumar que los equipos de rescate no tienen medios para rescatar a tanta gente.

El panorama promete malos augurios ya que las previsiones meteorológicas son malas.

Volviendo a lo nuestro uno tiene la sensación que cualquier persona cuya profesion era tangente con la actividad inmobiliaria, daba el salto, pedía un crédito y se ponía a promover ya que la rentabilidad era asombrosa.

Cuando me estoy refiriendo a profesiones tangentes citaría el caso de empleados de banca, empresas de exavación, paletas y un largo etcétera, pero sin llegar a crear empresas que aglutinaran un conocimiento global de todo el proceso técnico y empresarial que implica promover.

Creo que éste ha sido el drama, se han ido creando empresas con un conocimiento muy parcial.

A modo de ejemplo diriamos que el empleado de banca que se ha hecho promotor, no tiene criterio técnico suficiente para decidir que tipología de vivienda convendrá promover.

Lo mismo diriamo del paleta que por ejemplo no sabrá calcular todo lo que puedan suponer los intereses o aspectos de marquéting.

Como arquitecto siento vergüenza al ver la cutreria de promociones que se han hecho en mi zona.

Con todo ello, el tejido que se ha ido creando podía funcionar debido a la fiebre compradora y con rentabilidades de un 15% anual. Al quedar el sector financiero sin dinero todo se ha desmoronado y han surgido las miserias.

Miserias con forma de promociones de escaso gusto o criterio, con distribuciones apretadas ya que los solares se compraron caros que no responden a ninguna demanda real. Los pisos en un solo espacio tipo loft tienen sentido en el casco antiguo de Barcelona, pero no en ciudades de la periferia.

En cambio las promociones de promotoras más profesionalizadas, con un diseño competente envejecerán mejor y lentamente encontrarán comprador.

Supongo que ahora asistiremos a una selección natural en la que iran quedando empresas que hayan hecho los deberes, y puedan aguantar la enorme carga de los intereses.